El proyecto de una refinería en Badajoz amenaza una decena de áreas protegidas

 

 

Manifestación de ciudadanos extremeños contra la refinería del Grupo Gallardo. (Foto: EL MUNDO)

PROMOVIDA POR EL GRUPO GALLARDO

El proyecto de una refinería en Badajoz amenaza una decena de áreas protegidas

  • El Ministerio debe resolver en breve la declaración de impacto ambiental
  • La instalación implica un oleoducto de 200 kilómetros que pasaría junto a Doñana
  • Una compañía industrial y el Gobierno extremeño promueven la contestada obra

Actualizado domingo 21/12/2008 09:41

 

DAVID VIGARIO

MÉRIDA.- El proyecto de creación de una refinería de petróleo en el centro de la provincia de Badajoz impulsado por el grupo industrial Gallardo y apoyado por la Junta de Extremadura ha generado una gran repulsa en la comarca afectada. La rebelión cívica se ha extendido a Andalucía y Portugal, que también se verían afectadas por la iniciativa, puesto que ésta implica la construcción de un oleoducto de más de 200 kilómetros desde la costa de Huelva hasta el interior de Extremadura.

Una decena de espacios protegidos y el propio Parque Nacional de Doñana se verían afectados por las obras o por un eventual vertido que pudiera ocurrir durante las operaciones, advierten los ecologistas. Sólo el que se presentaran tras el verano 80.000 alegaciones contra el estudio de impacto ambiental realizado por la compañía, a pesar de que ésta sólo diera un mes para revisar el expediente, muestra las dudas que genera la instalación.

Los técnicos de la Junta andaluza han presentado una decena de alegaciones al proyecto. La Estación Biológica de Doñana, del CSIC, ha enviado un documento al Ministerio de Medio Ambiente,Medio Rural y Marino en el que asegura que el fuerte incremento de tráfico de petroleros en el polo industrial de Huelva elevaría el riesgo de mareas negras, que podrían tener consecuencias devastadoras para la costa de Doñana, como ocurrió con la tragedia del ‘Prestige’ en Galicia.

Desde que hace cuatro años se anunciara el proyecto, impulsado de forma personal por el ex presidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra, la refinería ha calentado el debate público en la región. Ahora, el momento de la verdad se acerca. El pasado viernes la Asamblea de Extremadura aprobó, a iniciativa del PSOE y con el respaldo del PP, requerir al Ministerio de Medio Ambiente la «agilización» de los trámites para conseguir la Evaluación de Impacto Ambiental y que comience «cuanto antes» la construcción.

Los socialistas esgrimieron que la región extremeña tiene un déficit industrial y que en momentos de crisis el proyecto debe agilizarse. Mientras, el PP extremeño, que ha estado en contra del proyecto desde que se anunció, ha cambiado su postura desde que accediera el pasado mes a la presidencia de este partido José Antonio Monago: «Nuestro partido no se puede oponer, aunque eso no significa que le demos un cheque en blanco al proyecto», ha declarado.

Decide el Ministerio de Medio Ambiente

 

 

En breve plazo, el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino debe decidir si la obra puede llevarse a cabo. Hasta el momento, todos los altos dirigentes socialistas han apoyado la instalación, desde el presidente del Gobierno hasta el ministro de Industria, Miguel Sebastián, quien visitó hace escasas semanas una de las fábricas de Alfonso Gallardo y declaró: «Estamos deseando que las autorizaciones ambientales se resuelvan lo antes posible y entonces el Ministerio de Industria dará el visto bueno».

Sólo Cristina Narbona, la anterior ministra de Medio Ambiente, puso reticencias al proyecto. Porque desde el Gobierno de Mérida el apoyo es también rotundo. La administración regional se implica como principal socio inversor con el 20% del capital, aportando a fondo perdido 120 millones de euros. Grupo Gallardo se reserva la mayor proporción de acciones con un 47%. El último coste oficial es de 2.000 millones de euros, con la creación de alrededor de 700 empleos cualificados y 2.500 durante la construcción de la fábrica. Así, cada puesto de trabajo generado lo sería a costa de invertir 600.000 euros en él.

No son sólo las dudas sobre la rentabilidad social de la inversión las que generan el rechazo ciudadano. La refinería se pretende ubicar en la Tierra de Barros, una rica región agrícola de tradición olivarera y vinícola y cuna de la prestigiosa Denominación de Origen Ribera del Guadiana, lo que ha provocado recelos en el mundo agrario. Vecinos y productores han llevado a cabo decenas de movilizaciones.

El temor a que la contaminación perjudique al campo y las dudas sobre las consecuencias para la salud humana son los motivos principales esgrimidos por la Plataforma Ciudadana Refinería No. Pero además, está el cambio climático. La Refinería Balboa producirá cinco millones de toneladas anuales de productos petrolíferos y y otros gases de efecto invernadero.

Sería, además, la primera refinería de interior que se construye en la España democrática (la anterior, Puertollano, se impulsó en la época franquista) y justo cuando desde el ejecutivo de Zapatero se presume de la lucha contra el cambio climático y la apuesta por las renovables.

A Portugal le preocupa, además, el Guadiana. Cualquier vertido a los arroyos o filtración a los acuíferos terminaría en el río y en la gran presa de Alqueva, la joya del regadío y el turismo lusos. Lisboa ha pedido garantías al gobierno extremeño.

 

 

 

 

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