Recordando el espíritu de “El Rubio”, un oso pardo cantábrico

 

Recordando el espíritu de "El Rubio", un oso pardo cantábrico

 

Era el mes de octubre de 1.988  cuando nos llegaba la noticia de que en los montes de Brañosera en Palencia y en el transcurso de una cacería de jabalí se había disparado sobre un ejemplar de oso pardo que resultaba muerto.

 

 

EL RUBIO MUERTO. LA MOFA DE LA BESTIA MUERTA. Podríamos entenderlo así viendo esta fotografía del oso trasladado al pueblo donde vecinos y curiosos como en las viejas fotografías de cuando matar osos era algo natural se regocijaban de haber dado muerte a la bestia feroz. En esos momentos los responsables de la conservación de los osos autorizaban a comérselo y acabar con un festín la algarabía popular.

 

El FAPAS puso el nombre de El Rubio a su primer camión para trabajar en conservación de la naturaleza,  un Santana 2000 que había sido fabricado para el ejército de Libia, pero que nos pudimos hacer con él y  durante   casi  dos décadas se convirtió en una herramienta de trabajo de la asociación. En el recuadro lo vemos en el año 90 con el equipo de voluntarios de El Bierzo donde recogimos tres mil quilos de nueces para llevarlos al vivero de Albacete y comenzar ya en aquellos años las campañas de plantaciones de frutales.

 

 

EL RUBIO TIRADO EN EL BASURERO. El cuerpo de una de las especies más importantes y protegidas de la fauna ibérica, tirado en un basurero en medio de mil trastos inservibles, como si él hubiese sido una más para los intereses de la sociedad.

 

Podría  haber parecido un accidente de caza, pero desde el principio aquello no parecía razonable. Lo primero que conocemos es que los responsables de conservación de la naturaleza y por tanto del oso como especie protegida, autorizaban a los cazadores a comerse al animal y ordenaba quitarle los “trofeos” al oso muerto, es decir a cortarle la cabeza y las manos. 

 

Así es que se descubren los restos del oso tirados en el basurero del pueblo y  precisamente, en el pueblo se arma una algarabía de felicidad por haber dado muerte a la “fiera”.

 

Era evidente que aún en 1.988, que ya hacía años que se hablaba y se trabajaba por la conservación de los osos, en regiones como Castilla y León, imperaba el viejo espíritu de matar a los osos y sentirse orgullosos de ellos, como si la Ley no existiera en estos territorios.

 

La noticia en El País de 1988

 

Tres balas acabaron con ‘el Rubio’

 

Era uno de los tres osos visibles en las reservas nacionales de Saja, Riaño y Fuentes Carrionas

 

MARIFÉ MORENO – León – 08/11/1988

 

El Colectivo Ecologista de Palencia ha presentado una denuncia ante el juzgado de guardia de Cervera de Pisuerga para esclarecer la muerte, el pasado día 31, de un magnífico ejemplar adulto de oso pardo, abatido de tres tiros por un cazador, Lorenzo Fernández, de 56 años, minero jubilado, que mantiene que fue "en defensa propia", mientras participaba en una batida de corzo en el monte Peñacalar, cercano a la localidad de Brañosera.

 

 

El Rubio , oso derribado a postazos por Lorenzo Fernández en el monte de Brañosera (Palencia), aunque según el protagonista, en defensa propia.

 

 

La versión del cazador ha sido contestada, sin embargo, por un grupo ecologista leonés y otros colectivos asturianos que han asegurado que interpondrán denuncias similares esta misma semana a tenor del resultado de la autopsia realizada a los restos del oso. Dicho examen avala la hipótesis de que no existiese -lo que suele ser normal en la conducta de estos animales- ninguna intencionalidad en atacar al cazador, dada la situación y trayectoria de la munición utilizada por este último.

 

 

El animal muerto, conocido como el Rubio por los biólogos del proyecto Ecología del oso pardo en la cordillera Cantábrica, que han desarrollado las facultades de Biología de León y Tennessee, es uno de los tres osos que se han podido observar en el último año en las reservas nacionales de caza de Saja (Santander), Riaño (León) y Fuentes Carrionas (Palencia), a pesar de que el censo en estas provincias está establecido en unos 30 ejemplares.

 

 Pero, aparte del suceso en sí, los hechos que se desarrollaron tras la muerte del plantígrado han generado la protesta unánime de naturalistas, biólogos y ecologistas en general, que califican la actuación en el caso de la Jefatura de Montes de Palencia, de la Junta de Castilla y León, como negligente al no haberse hecho cargo del cuerpo del oso ni haber iniciado investigación alguna para determinar su muerte.

 

 

 

El animal, que pesaba unos 200 kilos y medía 149 centímetros desde el hocico a la cola, permaneció expuesto a la mirada de los curiosos, en una calle de Brañosera, con una soga al cuello el domingo y el lunes hasta que fue despellejado y decapitado. La piel fue enviada a curtir a Herrera de Pisuerga, y el cadáver fue tirado al vertedero del pueblo, según Fernando Jubete, secretario del Colectivo Ecologista de Palencia, lo que impidió realizar ciertas pruebas biológicas y de comportamiento del oso que podrían haber aportado nuevos datos sobre la alimentación, evolución y hábitos de esta especie protegida y en vías de extinción. No obstante, los restos del animal fueron recogidos posteriormente del basurero público por varios miembros de los citados grupos ecologistas, según testimonio de Jubete, y trasladados al departamento de Biología Animal de la facultad de Biológicas de León, donde fueron analizados.

 

Disparos a quemarropa

 

El resultado, según fuentes de los ecologistas, desvelé que el Rubio sufrió en su lado derecho un primer impacto de perdigón de unos cuatro milímetros, realizado a quemarropa, a unos 25 o 50 centímetros del animal, que le produjo una herida superficial. Los siguientes tres disparos, de bala fueron realizados a una distancia aproximada de dos metros, pero ya en el lado izquierdo, por lo que se supone que el oso intentó recular y huir al sentirse herido. Al tercer disparo, que penetró en el corazón, el oso estaba ya muerto.

 

Por otra parte, y a pesar de que el suceso ocurrió sobre la una de la tarde, no se comunicó al cuartel de la Guardia Civil hasta las nueve de la noche. En Brañosera la noticia provocó diversos pareceres. Junto al sentimiento de pena de los más jóvenes se encontraba la alegría de algunos que relacionaban anteriores destrozos en colmenas y la muerte de varias cabezas de ganado lanar con el oso. Los colectivos ecologistas se preguntan por qué en la batida de corzo no se unió al grupo de cazadores un guarda, ya que la zona donde se dio muerte al plantígrado, calificada como de caza controlada, se conoce sobradamente como lugar de campeo del oso.

 

La jurisprudencia sobre el tema es exigua. La captura y muerte ¡legal de un oso, lejos de estar tipificada como delito ecológico, se salda con una indemnización de un millón y medio de pesetas. El Gobierno autónomo destinó este año cinco millones de pesetas para paliar hipotéticos "destrozos que el oso pardo pudiera haber causado entre la cabaña ganadera de la región", al mismo tiempo que creó un parque de "manejo de osos" en el Centro Cinegético Experimental de Valsemana, en León, donde se llevan a cabo ciertas investigaciones para un mejor conocimiento de la especie, según fuentes del Gobierno autónomo. Este extremo ha sido negado por los ecologistas leoneses, que califican de "fraude" el citado cercado.

 

Los hijos de El Rubio, el oso

 

ALFREDO MERINO @ 07-11-2008 09:37

 

 

 

MADRID.- Lo recuerdo como si no hubieran pasado 20 años. Colgaba El Rubio de una soga atada al cuello. Vilipendiado más allá de su último aliento, fue expuesto al escarnio y las mofas medievales de un pueblo medieval que, a lo que allí se vio, conservaba sus atávicos miedos y miserias medievales.

 

Fue a finales de octubre de 1988 cuando la opinión pública española se estremeció ante las imágenes de un oso cantábrico asesinado a balazos. En aquella década ya habían muerto a manos de furtivos, cazadores, lazos y venenos la friolera de 30 osos, que se llegase a saber, pero aquel caso marcó un antes y un después.

 

Aconteció en Brañosera, aldea palentina, donde un tal Lorenzo Fernández -¿quién se acuerda ahora de Lorenzo Fernández?- a la sazón cazador y jubilado de 58 años, descerrajó a quemarropa tres disparos sobre aquel soberbio macho de 200 kilos que, según declaró más tarde, “…él que me ve, echa a correr a por mí y tuve que defenderme”.

 

Todos los expertos coinciden en que es muy difícil, por no decir imposible, que en el encuentro con un hombre, un oso ibérico haga otra cosa que escapar. No pudo juzgarse al cazador por delito ecológico, como demandaron los conservacionistas. Se le juzgó por la ley de caza, quedando absuelto, pero la sociedad española tomó nota.

 

Sólo un año más tarde, una redada de la Guardia Civil se decomisó en Asturias de bastantes pieles de oso, así como de dos esbardas recién nacidas. Aquellos cachorros fueron llamados Paca y Tola y, ante la imposibilidad de devolverles a los montes cantábricos, quedaron de por vida en un recinto medio libres.

 

De todo ello me acuerdo en la presentación de , formidable trabajo publicado por la Fundación Oso Pardo, en forma de libro y vídeo, que da cuenta de la situación y comportamiento de los últimos plantígrados ibéricos.

 

Su población ha aumentado y ahora son unos 130, el doble que en los infaustos ochenta, pero nuestros osos siguen con su vida en el límite. Nos lo confirma el reciente conflicto en el Valle de Arán, los problemas con las indemnizaciones y la muerte los últimos años de siete casos conocidos por envenenamiento que, como bien dice mi amigo Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo, señalan que siguen en peligro y que no debe bajarse la guardia.

 

Marcho a Asturias para saber cómo les va a Paca y Tola. Con 20 años, ya son dos osas adultas, la una despierta y dominante, la otra tontorrona y suave. En su recinto viven ajenas al mundo y este verano ya tuvieron sus más y sus menos con Juraco, un macho con el que las quieren aparear. Su vida sigue, semilibre o semicautiva tanto da; vida a media pensión a fin de cuentas pero que nos reclama un futuro seguro para los hijos de El Rubio.

 

 

 

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