Catalunya registra en dos años 54 ataques de buitres al ganado

 

20/4/2009 FAUNA

 

Catalunya registra en dos años 54 ataques de buitres al ganado

 

 

1. • Medi Ambient culpa a grupos de jóvenes que han aprendido tácticas agresivas

2. • Las aves, que son siempre las mismas, se acercan a las reses antes de que mueran

 

 

 

Una treintena de buitres acuden a un comedero cercano a Beceite, en la provincia de Teruel, en el 2007. Foto: ARCHIVO / AGUSTÍ CARBONELL

 

ANTONIO MADRIDEJOS / BARCELONA

 

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / LLEIDA

 

"Los tuve a un palmo de mi cabeza, fue impresionante. Sus garras son como cuchillos de cinco centímetros", explica Joan Marquès, un ganadero de Odèn (Solsonès) que el 20 de marzo fue testigo del ataque de un grupo de buitres a una res parturienta y su ternera. "Iban directas a los ojos, a los genitales y a las ubres, que son las zonas más sensibles y las que más sangran", añade. No es el único afectado.

 

Grupos de buitres han protagonizado en Catalunya en los últimos dos años 54 ataques al ganado, una sorprendente cantidad que no se corresponde con el carácter carroñero de la especie, que nunca busca presa viva, ni obedece a un aumento descomunal de las parejas establecidas. Los técnicos del Departament de Medi Ambient están convencidos de que los responsables son siempre grupos de jóvenes buitres que han aprendido a atacar y recorren Catalunya sin rumbo fijo. "No negamos los ataques, pues algunos han sido observados incluso por agentes rurales, aunque es exagerado pensar que estamos ante un grave problema", precisa Jordi Ruiz Olmo, jefe de Protección y Gestión de la Fauna.

 

LA PIEL

 

"Nunca se habían acercado tanto a la gente", insiste Marquès. Más tarde, cuando el ganadero explicó el suceso a los agentes rurales, le recomendaron que si volvía a sucederle algo igual "usara casco y protección en la cara y las manos". La mala fortuna quiso que, justo un día después del primer ataque, otra vaca de su propiedad se pusiera también de parto en un momento en que el dueño no estaba en la finca. "No pude hacer nada. Cuando llegué al lugar, solo quedaban la piel y los huesos de la madre y de su cría", indica.

 

Medi Ambient ha analizado todas estas "interacciones violentas" intentando determinar qué ha cambiado en los últimos años. El número total de ataques entre 1998 y el 2006 se había limitado a 13, muchos de ellos muy sospechosos, mientras que fueron 24 en el 2007, 22 en el 2008 y este año, de mantenerse la tendencia, se alcanzarán cifras similares. Las víctimas han sido vacas, terneros, yeguas y potros de ganadería extensiva, con partos al margen de las granjas. Las aves aprovechan para atacar las tres o cuatro horas que tardan las crías en empezar a caminar.

 

La población de buitres en Catalunya, que experimentó un descomunal aumento entre 1990 y el 2000, tiende a estancarse en los últimos años por motivos de saturación, asume Ruiz Olmo. Así, se ha pasado de 431 parejas reproductoras a unas 475-500 en la actualidad. Si el número se mantiene relativamente estable, ¿qué está pasando? El problema es que varios centenares de buitres jóvenes llegaron a Catalunya a partir del 2007 tras el cierre de los numerosos comederos existentes en Aragón, en cumplimiento de la normativa sanitaria europea. Aragón es una auténtica potencia buitrera, con más de 6.000 parejas y posiblemente 15.000 ejemplares solteros.

 

Los jóvenes buitres, acuciados por el hambre, descubrieron pronto que no es necesario esperar a que una vaca parturienta se aleje para lanzarse sobre la placenta. Así se empieza. El jefe de Fauna muestra en un mapa que los ataques siguen un patrón: primero se suceden en una comarca, luego en otra y así sucesivamente. Nunca simultanean. "Son siempre los mismos jóvenes", insiste.

 

Por ahora, Medi Ambient descarta medidas drásticas con los jóvenes violentos y está a la espera de que la sabia naturaleza actúe. Vamos, que los elimine. "Confiemos en que en un par de años volvamos a la normalidad", concluye Ruiz Olmo. En su opinión, lo esencial es asegurar y agilizar las indemnizaciones. Los buitres se alimentan esencialmente de reses y ungulados salvajes muertos al aire libre por causas naturales, desprendimientos o caída de rayos. De hecho, ejercen un necesario papel de desinfectante. Catalunya necesita buitres: quizá puede soportar un millar, pero no muchos más.

 

 

 

 

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