La ciencia rescata del olvido a Alfred Wallace, el otro Darwin

 

9/2/2009  PERSONAJES

 

La ciencia rescata del olvido a Alfred Wallace, el otro Darwin

 

  1. • El naturalista se adelantó a su ‘maestro’ al proponer una teoría de la selección natural
  2. • Siempre asumió que sus ideas eran menos completas e incluso las calificó de ‘darwinistas’

 

Alfred Russel Wallace, en un retrato realizado en Singapur en 1862. Foto: EL PERIÓDICO

 

MICHELE CATANZARO
BARCELONA

 

Ni un genio injustamente olvidado ni un mediocre aficionado. Científicos e historiadores están resituando en su justo lugar a Alfred Russel Wallace, el primer científico que puso negro sobre blanco en una publicación científica la peligrosa idea de la evolución por selección natural. Cuando lo hizo, Darwin no había redactado más que notas y borradores.


Así, para ser correctos, habría que hablar de teoría de la evolución de Darwin y Wallace. "La complejidad y el impacto de las ideas de Darwin fueron muy superiores, pero también es cierto que la clase social y el perfil poco académico de Wallace contribuyeron a ofuscar su porción de paternidad", dice José Fonfría, biólogo e historiador de la ciencia en la Universidad Complutense de Madrid y autor de El Explorador de la Evolución. Wallace (Nívola).


Wallace intuyó que la evolución podía funcionar con un mecanismo de selección natural en 1858, durante una expedición a lo que él llamaba las Islas Malayas (actuales Indonesia y Malasia). Esperando que sus ideas tuvieran difusión entre los medios académicos de Londres, el naturalista decidió comunicar por carta su descubrimiento a un científico de renombre al que profesaba admiración. Era Darwin. El científico consagrado comprobó enseguida que el aficionado se le había adelantado y optó por publicar juntas las dos versiones. "Este episodio se ha interpretado a menudo como una apropiación por parte de Darwin –comenta Fonfría–, pero es probable que fuera la mejor solución para los dos: Darwin veía reconocida la paternidad de un trabajo que había forjado durante años y Wallace se ganaba el respeto de la élite científica".

PRECARIO
La distinta extracción social de ambos investigadores también tuvo un peso relevante. La familia de Wallace vivía en condiciones mucho más precarias que la acomodada familia de Darwin. "Mientras que el segundo recibió una educación formal, el primero aprendió por lecturas personales y sobre el terreno", explica Fonfría. A Darwin le pagó los estudios y los viajes su familia, mientras que Wallace financió sus exploraciones vendiendo los especímenes que recogía a museos y coleccionistas. Darwin consiguió rápidamente un lugar prestigioso en el mundo científico, mientras que Wallace fue durante años un outsider. Finalmente, Darwin venía de un entorno conservador; Wallace, por su parte, era un socialista utópico. "Esto pudo jugar a favor suyo –observa Fonfría–, ya que no tuvo que soportar las rémoras religiosas que Darwin posiblemente sufrió".


En cualquier caso, las dos formulaciones de la evolución no eran idénticas. Mientras que la de Darwin estaba centrada en la selección natural, Wallace insistía más en el concepto de lucha por la supervivencia. Además, el primero aspiraba a una descripción de la naturaleza, mientras que el segundo quería alcanzar una ley matemática. Finalmente, los dos discrepaban en el hecho de que pudiera haber competencia por los recursos no solo entre especies (como pensaba Wallace), sino también entre individuos dentro de una especie (la selección sexual de Darwin).

Tras un acercamiento inicial, ambos científicos volvieron a alejarse a raíz de la conversión de Wallace al espiritismo, en 1866. "Wallace había quedado muy sorprendido de la capacidad de las poblaciones indígenas para aprender a cantar perfectamente en un tiempo muy corto", explica Fonfría. El naturalista, que desde entonces fue un firme defensor de la igualdad entre los seres humanos, no se explicaba cómo esas refinadas capacidades podían estar presentes en individuos que no las necesitaban para sobrevivir, "y supuso que la selección natural debía actuar sobre la materia, pero no sobre el espíritu". Darwin rechazó este planteamiento paracientífico.

Wallace perdió parte de su prestigio, pero ello no le impidió seguir publicando interesantes trabajos científicos y sociales. Como prueba de la recíproca admiración, Wallace publicó en 1889 un libro donde utilizaba por primera vez la palabra darwinismo. Y Darwin se preocupó de que el viejo Wallace, cuando se encontró en apuros económicos, contara con una pensión.

 

 

 

 

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