Vaca marina de Steller – Hydrodamalis gigas

 

Vaca marina de Steller

 

Una distribución muy limitada es sinónimo de mayor vulnerabilidad, fue descubierta al borde de la extinción

 

 

 

Hidrodamalis gigas

 

ORDEN SIRENIA

FAMILIA DUGONGIDAE

 

Uno de los mejores ejemplos de cómo el hombre puede ocasionar de una forma extraordinariamente rápida la extinción de una especie lo tenemos en el caso de la vaca marina de Steller (Hidrodamalis gigas). Descubierta en las aguas del mar de Bering en 1742 por una expedición comandada por el capitán Vitus Bering, se extinguió en 1769 sólo 27 años después de su descubrimiento.

 

 

Todo lo que conocemos sobre los hábitos y biología de esta especie se lo debemos al eminente naturalista alemán Georg Wilhem Steller, que formaba parte de la expedición de Bering, la cual a consecuencia de un naufragio hubo de pasar 10 meses en las costas cercanas. Para sobrevivir tuvieron que recurrir a la carne y grasa que les ofrecía este confiado animal.

 

Al volver a Europa propagaron la noticia de la gran riqueza que poseía esta zona en pieles, lo cual trajo la atención entre 1743 y 1763 de nada menos que 19 expediciones que recurrieron a la vaca marina para su alimentación, ocasionando así que en 1763 quedaran ya tan pocos ejemplares que se renunciara a cazarlos. Seis años más tarde la especie desaparecía.

 

 

Esta especie frecuentaba la cercanía de las costas de las islas Bering y otras más pequeñas del grupo de las islas Comandante, alimentándose de las algas sumergidas, con una voracidad tremenda, que les llevaba a estar comiendo incesantemente. En invierno parece ser que pasaban tanta hambre que podían verse los huesos de las costillas marcarse en los animales vivos.

 

 

 

Los detalles que cuenta Steller de la captura de estos animales son aterradores. Parece ser que eran capturados con enormes ganchos y arpones de hierro, por pequeñas embarcaciones de tres hombres, e izados al barco donde, para evitar los terribles coletazos de los enfurecidos animales, se les atacaba con bayonetas, cuchillos y toda clase de objetos punzantes hasta que morían. Su carne era usada como comida y su grasa para el curtido y cuidado de las pieles.

 

Estos gigantescos sirénidos podían sobrepasar los 7 metros de longitud y llegar a las cuatro toneladas de peso.

 

 

 

 

Una peculiaridad del Hidromalis gigas era la de poseer una fina piel recubierta por una desigual, en espesor, capa epidérmica, la cual permitía a determinados crustáceos parásitos marinos taladrarla y llegar incluso a las zonas séricas subyacentes. Estos procesos que debieron ser epidémicos, contribuyeron a acelerar la extinción de la especie.

 

 

 

 

 

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