El ácaro rojo, el mayor depredador de la Antártida

BIODIVERSIDAD | Ecosistemas polares

El ácaro rojo, el mayor depredador de la Antártida

 

Imagen de la expedición del Príncipe de Mónaco en la Antártida. (Foto: REUTERS)

REUTERS | BASE ROTHERA, ANTÁRTIDA

Actualizado lunes 26/01/2009 11:42 horas

 

Merodeando por entre las rocas de la Península Antártica, el depredador terrestre más agresivo del continente helado está al acecho, pero de presas microscópicas.

Los animales como los leones, los cocodrilos y las serpientes prosperan en otras partes del planeta, pero el depredador terrestre más temible de la Antártida es un insecto rojizo.

El continente es más conocido por sus pingüinos, focas y ballenas, pero todos estos dependen del mar para conseguir alimento, a diferencia de sus minúsculas criaturas terrestres y plantas, hasta ahora apenas afectadas por los humanos.

Los científicos están intensificando sus estudios de estas pequeñas criaturas en la Antártida en busca de posibles advertencias tempranas sobre cómo el cambio climático podría perturbar la vida del planeta en las próximas décadas.

"La Antártida es llamativamente diferente de otros continentes en lo referente a lo que se puede encontrar en la tierra", dijo Pete Convey, un biólogo de la Inspección Antártica Británica (BAS, por sus sigla en inglés), mientras observaba una pila aparentemente estéril de piedras.

"No hay mamíferos terrestres, no hay animales pastando como gacelas, no hay aves terrestres", declaró a Reuters cerca de la Base Británica Rothera.

Una de las primeras rocas que recogió tenía un diminuto ácaro rojizo corriendo por su superficie.

 

Dos mosquitos no voladores. (Foto: REUTERS)

"Es el león del ecosistema, es el máximo depredador", dijo sobre el ácaro Rhagidia, de aproximadamente 1 milímetro de ancho. Los ácaros tienen ocho patas y están relacionados con las arañas.

Y el mayor animal terrestre de todo el continente, que abarca una superficie mayor a la de Estados Unidos, es un pequeño mosquito no volador de aproximadamente 0,5 cm. de largo.

Técnicas de supervivencia

Esos minúsculos animales han encontrado formas de vivir todo el año en tierra y de cerrar sus cuerpos para sobrellevar el profundo frío invernal.

La simplicidad del ecosistema significa que el impacto de los nuevos riesgos, como el cambio climático, puede ser evaluado más fácilmente.

"Sólo existen dos depredadores (terrestres) a 800 kilómetros a la redonda", dijo Convey. "Hace que comprender el modo en que funciona el ecosistema sea mucho más fácil", agregó.

"Es muy difícil ver cómo el cambio climático afecta a un sistema ecológico natural, excepto en un lugar como éste", dijo David Vaughan, un glaciólogo del BAS, sobre la zona de Rothera, rodeada de montañas y con témpanos acumulados en la bahía.

"La Península Antártica, debido a que el clima está calentándose tan rápidamente, es el único lugar de la superficie terrestre donde uno puede venir a ver los efectos sobre la ecología en forma pura", dijo el hombre. La península, que sobresale hacia el extremo sur de Sudamérica, es la parte del hemisferio sur que se ha calentado más rápidamente en los últimos 50 años, aparentemente debido a un aumento de la temperatura fomentado por el uso humano de combustibles fósiles.

Las temperaturas en la Península Antártica han aumentado 3 grados centígrados en los últimos cincuenta años, casi la diferencia en las temperaturas anuales promedio entre la ciudad de Niza al sur de Francia y París.

Efectos del cambio climático

Y puede que el ecosistema antártico ya esté cambiando, tanto con beneficios como con posibles trastornos. El calentamiento global "les facilitará la vida a las criaturas pequeñas, casi sin duda", dijo Convey.

Las temperaturas más cálidas ayudarían a las plantas a crecer, a volver más verdes algunas partes de la península y de este modo beneficiar a los animales que se alimentan de ellas. Pero además podría secar el clima, poniendo en riesgo la vida.

Y las temperaturas más altas podrían hacer que la Península Antártica esté más abierta a las especies, como las semillas, los insectos o esporas traídas sin saberlo por turistas o científicos en sus prendas, en el viento o adheridas a pájaros.

"Más de 50.000 personas vienen a la Antártida al año", dijo Convey sobre los turistas, científicos y demás visitantes. "Eso constituye un riesgo mucho mayor de traer un organismo biológico ajeno a la Antártida que la colonización natural", agregó.

El Rhagidia caza colémbolos, un tipo primitivo de insecto que vive de la vegetación. Porciones poco densas de líquenes verdes, negros o naranjas cubren algunas piedras.

La Antártida además cuenta con dos plantas florales, algunos pequeños gusanos e innumerables microbios. Muchos animales de la Antártida tienen proteínas sanguíneas que funcionan como anti-congelantes naturales.

 

 

 

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