Cannabis contra biodiversidad

Cannabis contra biodiversidad

La pérdida de masa forestal en el Rif es de 4.500 hectáreas anuales por la marihuana, que invade ya parques nacionales

 

 

Plantaciones ilegales de marihuana en la zona del Parque Nacional de Talassemtane, al noreste de Marruecos. – AFP

 

MARÍA GARCÍA DE LA FUENTE – Chaouen (Marruecos) – 26/01/2009 08:04

Los alcornoques, tuyas y cedros conforman la principal masa forestal del Rif. Su valor ecológico llevó al Gobierno marroquí a crear en 2004 los parques nacionales de Talassemtane (Chaouen) y el de Alhucemas, en el norte. La máxima figura de protección ambiental presupone una conservación. Sin embargo, los alcornocales y los bosques de tuya y cedro del interior de los parques están amenazados por los cultivos de cannabis.

Las talas de árboles son ya importantes: de las 45.000 hectáreas que tiene el parque de Talassemtane, un tercio está cubiertas de plantaciones de cannabis. Y en los alrededores del parque nacional de Alhucemas, ya se cultivan 49.000 hectáreas en tres comarcas, denuncia Abdelouahed Kaikai, miembro de la organización ecologista marroquí AZIR-AGIR.

"El Gobierno marroquí prohíbe el cultivo del cannabis, pero no lucha contra las plantaciones ni contra las mafias que lo venden"

El impacto de las plantaciones ilegales de cannabis es importante, tanto en la economía de la zona como en la biodiversidad. Más del 60% de las familias del Rif vive exclusivamente del cultivo de la marihuana, a pesar de que el cultivo está prohibido. Los ingresos medios por familia que cultiva esta planta son de 2.000 euros al año, mientras que el valor en el mercado europeo se multiplica por 100.

"El Gobierno marroquí prohíbe el cultivo del cannabis, pero no lucha contra las plantaciones ni contra las mafias que lo venden", afirma Kaikai, que se pregunta qué sentido tiene la protección del parque nacional cuando no se quiere impedir este cultivo ilegal.

Cultivo para producir papel

El Gobierno marroquí impulsó en los años 50 el cultivo de cannabis para producción de papel, pero en la actualidad plantarlo está penado. "El Gobierno sólo realiza quemas esporádicas de plantaciones al año para ofrecer la imagen de que lucha contra el cannabis", añade Kaikai, quien denuncia la corrupción y el soborno de las autoridades que se lucran con esta planta que se transforma en estupefaciente.

Detrás de estas plantaciones se encuentra un problema social que las autoridades quieren ignorar, explica el coordinador de la organización ecologistas ATED, Mofadal El Merziguioui. "El 66% de la población pobre de Marruecos vive en el medio rural, y en el norte, el 60,3% son analfabetos, una tasa que es mucho mayor entre las mujeres: el 76,4%", señala. La falta de formación y de alternativas de subsistencia llevan al monocultivo del cannabis.

Los productores pagan altos sobornos para poder seguir plantando

"Es una forma de mantener a la población en el ámbito rural, pero el cannabis no es sostenible ni económica, ni social, ni ambientalmente", añade El Merziguioui. Los productores pagan altos sobornos para poder seguir plantando. "Se destruyen los bosques de cedro, tuya y alcornoque para cultivar cannabis, que se vende a un precio bajo. Al final se mal vende la propia riqueza", resume el presidente de AZIR-AGIR, Hussein Nibani.

La degradación ambiental es la otra consecuencia de las plantaciones. La pérdida de masa forestal en el Rif es de 4.500 hectáreas anuales, por el avance de este cultivo. El Estado marroquí es el dueño de los bosques, pero su aprovechamiento es muy reducido. Las multas por talas no autorizadas llegan a los 80.000 euros. "Los campesinos ven el bosque como impedimento para cultivar y provocan incendios para abrir claros", expone El Merziguioui.

Degradación de suelos y pérdida de biodiversidad

Además de la pérdida de bosque, las plantaciones de cannabis requieren una gran cantidad de abono para su producción, ya que los suelos acaban perdiendo el sustrato de nutrientes o humus. Así, por cada hectárea que se cultiva en la región de Chaouen se necesitan 460 kilogramos de abonos, mientras que para el cultivo de cereal se requieren 190, para las leguminosas 60 y para los frutales 20 kilos, indica el presidente de AZIR-AGIR, Hussein Nibani.

El Gobierno sólo da licencias para explotaciones forestales a grandes compañías

La tasa de reforestación actual en Marruecos es del 8%, pero con el ritmo de pérdida de bosque se necesitaría incrementarla al 20%. El Gobierno sólo da licencias para explotaciones forestales a grandes compañías, y una de las alternativas que han encontrado las organizaciones ATED y AZIR-AGIR, con el apoyo de la ONG española IPADE, es organizar a la comunidad local en pequeñas cooperativas para así poder obtener más derechos de explotación forestal.

Además, las organizaciones quieren crear un tejido social que genere empleos locales con cultivos autóctonos, no dañinos y alternativos al cannabis, como por ejemplo plantas aromáticas y diferentes variedades de tés. Las primeras cooperativas de mujeres agricultoras ya están en marcha y sus productos se venden en el mercado local.

 

 

 

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Una respuesta a Cannabis contra biodiversidad

  1. NANDO dijo:

    alucinante esa plantacion

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