En busca del último elefante

En busca del último elefante

El parque senegalés de Niokolo-Koba ha perdido más del 90% de su fauna desde 1990

Un agente forestal recorre Niokolo-Koba armado con un Kalashnikov. – MANUEL ANSEDE

 

MANUEL ANSEDE – Niokolo-Koba (Senegal) – 21/12/2008 20:46

Aquí sólo se han salvado los facóqueros, porque son primos de los cerdos y los furtivos no los cazan porque son musulmanes”, se lamenta Ibrahima Kouyaté, un guía del parque senegalés de Niokolo-Koba, mientras se abre paso en la maleza con un machete. La reserva natural, una de las más importantes de África Occidental, se ha convertido en un bosque vacío. Los últimos censos son dramáticos. En 1990 había 24.000 cobos, una especie de antílope característico de la sabana africana, y ahora sólo queda un centenar. Y lo mismo ocurre con el ñu rojo, cuya población de 5.000 ejemplares ha sido esquilmada en los últimos 15 años hasta quedarse en 150 supervivientes.

Niokolo-Koba, incluido el año pasado en la lista de lugares Patrimonio Mundial de la Unesco en peligro, agoniza. Kouyaté recuerda que hace una década era fácil toparse con leones, leopardos o chimpancés en el interior del parque. Pero la generación de sus padres terminó con ellos. Él mismo entraba en Niokolo-Koba cuando era niño, armado con un tirachinas, para tener algo que llevarse a la boca. El parque nació como un coto de caza en 1926 y, de alguna manera, así ha seguido hasta la fecha, pese a su catalogación como reserva natural.

Kouyaté es uno de los pocos guías en activo que puede presumir de haber visto un elefante en Niokolo-Koba. Cuando la Unesco lo declaró Patrimonio Mundial, en 1981, cientos de elefantes pululaban por el parque y atraían a un buen número de turistas. Una década después, sólo quedaban 20. Y ahora han desaparecido. El último fue visto en 2004, pero los gestores del parque creen que aún quedan cuatro o cinco escondidos en algún lugar de la reserva, de 9.130 km2. El responsable del parque, el comandante Samuel Dieme, admite los fallos de la Administración senegalesa, pero señala otro culpable fuera de sus fronteras. “La Unión Europea nos ha abandonado, todos nos han abandonado”, asegura. La UE financió dos proyectos para mejorar las infraestructuras y la vigilancia del parque, pero retiró su apoyo en 2005, justo cuando dejaron de verse elefantes y el turismo se alejó de Niokolo-Koba. En la actualidad, apenas 5.000 personas visitan el parque cada año.

A pesar de la “posiblemente irreversible” extinción de la especie en el santuario, Dieme va a lanzarse a la búsqueda de los últimos paquidermos. A finales de enero, un grupo de 12 personas escudriñará el parque de punta a punta durante seis meses. Debido a la falta de financiación, el proyecto sólo recibirá dinero del Estado senegalés, por lo que alcanzar el éxito no será sencillo. La Dirección de Parques Nacionales de Senegal dispone de un avión, pero no de piloto. Y no hay presupuesto ni para alquilar uno ni para carburante.

Puertas cerradas

Dieme está en conversaciones con una ONG de Nairobi para que aporte una cantidad que permita sobrevolar el parque cuatro días al mes. Su objetivo es encontrar a los elefantes y conocer los lugares que frecuentan para trazar un plan de conservación. Sólo necesita 35.000 euros, una cantidad similar al salario medio anual bruto de un ciudadano de la Unión Europea, pero “con la crisis económica todas las puertas están cerradas”, se lamenta el comandante.

Es la última oportunidad para rescatar al mayor mamífero terrestre del planeta en Niokolo-Koba. En 2002, los gestores del parque intentaron la reintroducción de ejemplares procedentes de Burkina Faso, pero el Ejército francés, que debía transportar los elefantes, abandonó el proyecto al comenzar la guerra civil en Costa de Marfil.

Además, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) exigió a Senegal que averiguase la causa de la desaparición de los paquidermos antes de condenar a la muerte a los animales importados. “Por eso es tan importante encontrar a los últimos elefantes, porque no sabemos por qué han desaparecido”, admite Dieme. “Claro que hay caza furtiva, pero no pueden haber caído todos a tiros, no hemos encontrado cadáveres, así que es posible que se hayan ido del parque por alguna razón que desconocemos”. Según la hipótesis, los elefantes habrían atravesado la frontera de Guinea Conakry o Guinea Bissau y podrían haber quedado atrapados por alguna nueva infraestructura.

Para los cuatro o cinco individuos que han permanecido en Niokolo-Koba, cuya existencia se conoce por sus huellas y el hallazgo de excrementos, el futuro no es muy alentador. Un informe de la Unesco advertía en mayo de 2007 de que las 1.500 especies de plantas, las 330 de aves y las 80 de mamíferos del parque, entre otras, están en peligro. Un proyecto para construir una presa aguas arriba del río Gambia, que atraviesa la reserva, amenaza con convertir en eriales las grandes charcas en las que abrevan los animales en la estación seca. Además, estas balsas constituyen uno de los principales atractivos turísticos del parque, ya que en ellas los visitantes pueden contemplar, con un poco de suerte, animales esquivos como el licaón o perro salvaje africano y una subespecie del eland de Derby, un antílope africano que sólo vive en Niokolo-Koba.

Sin charcas, este reducto de sabana guineana perderá su fauna, parte de su flora y su única fuente de ingresos: el turismo. “Es evidente que la construcción de la presa tendría importantes efectos en el parque, pero yo llevo 20 años escuchando hablar de este proyecto, y todavía no se ha hecho”, aclara el comandante.

Armados con Kalashnikov

Según Dieme, el parque está haciendo esfuerzos para liberarse de la etiqueta “en peligro” impuesta por el comité de Patrimonio Mundial de la Unesco el 26 de junio de 2007, el mismo día en que alertó de la situación de las Islas Galápagos (Ecuador), amenazadas, paradójicamente, por el exceso de turistas. La Dirección de Parques Nacionales de Senegal ha duplicado el número de agentes forestales que patrullan el santuario, armados con fusiles de asalto soviéticos Kalashnikov para defenderse de los furtivos en caso de encuentro fortuito. Aun así, faltan efectivos: cada paramilitar debe vigilar un área de 57 kilómetros cuadrados.

Nana Diarra-Thiam, de la sección africana de la Unesco, asegura que el Comité de Patrimonio Mundial exigió en julio un informe sobre el estado de conservación del parque, pero todavía no lo ha recibido. La fecha límite es el 1 de febrero de 2009. Para entonces, el comandante Dieme espera haber encontrado a los últimos elefantes de Niokolo-Koba.

 

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