Un buitre se esconde en los probadores de una tienda de Cuenca

15 Diciembre 2008

Un buitre se esconde en los probadores de una tienda de Cuenca

No se habla de otra cosa estos días en Cuenca. Como explicaba la pasada semana el periódico La Tribuna, un buitre leonado se fue de compras a la zona comercial de la ciudad, se metió en una tienda de ropa y no paró hasta llegar a los probadores, donde entre aleteos y vómitos dejó el establecimiento hecho unos zorros. Frente al tremendo animal engrifado, dueña y dependientas huyeron despavoridas.

La descripción que del suceso hace el periodista es graciosísima

El animal mostraba un estado, no lamentable, pero sí un poco penoso, puesto que en más de una ocasión vomitaba, con lo que numerosas prendas de ropa se vieron afectadas por lo expulsado.

De igual manera, en los momentos en que batía las alas muchas eran las piezas que se ensuciaban.

Y no menos curioso resulta el relato de su captura:

Enseguida llegó un miembro de ‘Recogida de animales’ que, armado con un lazo, tanteó al ‘bicho’ hasta que pudo hacerse con él. El problema estribaba en que, aparte de que el buitre se resistía a ser cogido, había que intentar taparle la cabeza para que en la oscuridad se quedase quieto. Fue algo que no pudo hacerse, con lo que se hizo acopio de una caja en donde finalmente se pudo introducir el animal de una manera segura. El principal problema estaba no en el pico, sino en las garras.

El mismo periodista nos ofrece un dato muy interesante. No se trata de un caso aislado, pues un par de días antes otro buitre leonado fue capturado por los funcionarios municipales mientras éste deambulaba tan campante por las calles del barrio conquense de San Antón, quien asustado por sus captores, acabó enredado entre zarzas en las inmediaciones del río Júcar.

¿Qué pasa en Cuenca con los buitres? ¿Se están volviendo locos?

Nada de eso. Como ya os he contado en otras ocasiones, los buitres se están muriendo de hambre. Con los muladares y los comederos cerrados, los vertederos sellados, el ganado muerto recogido e incinerado, la llegada de los fríos invernales los está poniendo contra las cuerdas de la supervivencia.

Los más jóvenes, siempre más inexpertos y débiles, son las primeras víctimas. Y caen como moscas. Unos directamente muertos, otros desnutridos, incapaces de volar, desorientados igual en el campo que en medio de la ciudad.

Por eso vomitaba el de Cuenca. De estrés, de miedo. Pero no tenía fuerzas para salir volando, tan sólo buscaba un escondite, los probadores quizás, donde tratar de pasar desapercibido. Pobre animal. Desapercibido un buitre maloliente de siete kilos de peso y dos metros y medio de envergadura dando saltos por una calle comercial a las cinco de la tarde.

Los buitres lo están pasando mal, muy mal. Necesitan que vuelva a haber animales muertos en el campo de los que alimentarse, como sucedía antes del mal de las vacas locas. Pero en lugar de comida les damos veneno. No tienen nada que echarse al pico. Por eso seguirán lloviendo buitres. Buitres hambrientos.

 

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