Muletas para la encina más vieja y grande del mundo

Muletas para la encina más vieja y grande del mundo

Un equipo de botánicos especializados en árboles ancianos salva la vida a la encina Terrona, la más vieja y grande del mundo, en Zarza de Montánchez (Extremadura)

 

Además de apuntalarla, se ha rodeado la encina con una cerca para evitar los daños provocados por sus miles de visitantes. J. PLUMED Y H. MOYA

 

CÉSAR-JAVIER PALACIOS – Fuerteventura – 15/12/2008 08:00

La encina más grande del mundo, la más vieja y venerable de todas ellas, salió esta semana de la UCI maltrecha pero feliz. Apoyada en 15 gigantescas muletas sonríe ahora desde la clarividencia de sus 800 años de experiencia, dispuesta a vivir otros tantos más, siempre que siga contando con la veneración de su pueblo y los desvelos de los mejores doctores.

Es el primer árbol de estas características al que se le dedicó un sello

La encina Terrona, el símbolo vivo de Extremadura, acaba de ser intervenida "a vida o muerte" por uno de los equipos de médicos geriátricos de árboles más afamados de Europa, el dirigido por el botánico valenciano Bernabé Moya y los técnicos José Moya y José Plumed. Desde que en 1998 una de las tres grandes ramas de este excepcional ejemplar casi milenario se partiera por la mitad, Moya ha visitado a la venerable enferma decenas de veces, hasta convertirse en su particular médico de cabecera. Sólo así ha logrado tener un conocimiento excepcional del ejemplar rama a rama, arruga a arruga, primavera tras primavera, lo que diez años después le llevó a emitir un terrible diagnóstico. "El aumento de preocupantes fisuras y malas cicatrizaciones nos señaló una degradación acelerada del árbol que lo llevaba directamente hacia la rotura de sus ramas y a la muerte", explica el especialista. Y añade gráficamente: "Es como si tuviera osteoporosis, su frágil estructura no puede sostener ya tanto peso".

Moya se ha convertido en el médico de cabecera de la enferma

Fue una pésima noticia para Zarza de Montánchez, el pueblo cacereño donde crece el gigante con pies de cristal, tan popular como los excepcionales cerdos ibéricos criados bajo sus ramas. Ante la aparente robustez de la gigantesca encina, la mayoría de los vecinos pensaban que lo mejor era dejarla como estaba, incapaces de asumir alguna debilidad en el legendario ejemplar.

Más realista, la Junta de Extremadura, tutora del ejemplar desde que en 2001 iniciara con él la protección de los árboles más emblemáticos de la región, estaba de acuerdo en la necesidad de intervenir cuanto antes, pero faltaba el placet del propietario, Alonso Mateos.

Alonso dijo sí

Panadero de profesión, muchos señalaban la paradoja de que alguien así no hubiera convertido hace ya mucho tiempo en leña de horno a la Terrona. Esa sola idea lo enfurecía, pues para Alonso el árbol es su más querida herencia y lo venera como si fuera una risueña anciana. Hombre de campo, apenas necesitó de cinco minutos de explicaciones de los especialistas para dar su consentimiento. "Bernabé es un cirujano fuera de serie, con sólo verla ya sabía por dónde se iba a partir, sé que la Terrona está en las mejores manos", confiesa.

«Es como si tuviera osteoporosis, su estructura no puede sostener ese peso»

No quedaba otra solución. O se intervenía con contundencia o el famoso árbol, el primero de estas características al que Correos dedicó un sello, se venía abajo. Se le podía haber desmochado con una poda radical, pero además de desfigurarlo lo habría debilitado gravemente. Otra opción era ponerle un apretado corsé de acero sustentándole las ramas, pero esta solución no evitaba el peligro de rotura y hundimiento del tronco. Así que se optó por el método más tradicional, sostener todas sus ramas con muletas y horcones, al estilo de como se hace con los grandes manzanos o nogales cuando se cargan de fruta. Sólo que algunos de estos apoyos, construidos en acero de alta resistencia, tienen 14 metros de altura, algo nunca hecho hasta la fecha en España. De esta manera, como señala Bernabé Moya, se soluciona "el riesgo de desgajamiento, aliviando el peso en el tronco y respetando su volumetría".

Para Alonso, el propietario, la Terrona es su más querida herencia

Además, se ha rodeado a la encina con una gran cerca perimetral, protección necesaria para evitar daños de los miles de visitantes que Terrona recibe todos los años, algunos empeñados en trepar por sus delicadas ramas. Un exceso de cariño, o de curiosidad, que ha agravado sus problemas hasta el punto de obligar a impedir el acceso a ella.

Algunas muletas tienen 14 metros de altura, algo nunca hecho en España

Queda ahora por ver la opinión de los vecinos ante tan radical intervención. Juan José Pérez González, biólogo del Servicio de Conservación de la Naturaleza de la Junta de Extremadura, es consciente de que "habrá polémica", pero también confía en que la gente acepte que "el árbol se estaba muriendo y siempre será mejor esta artificialidad de las muletas que verlo convertido en un tronco seco y partido".

Feliz, concluida una larga semana de trabajos, Alonso Mateos invitó a todo el equipo a una gran calderada de cerdo ibérico. ¿Satisfecho por el resultado?, le pregunta el periodista. "Cómo no lo voy a estar, ha quedado estupendamente. Morirán mis nietos y sé que seguirá en pie, no hay más que verla".

La frustrada boda con la Gobernadora

En Zarza de Montánchez todavía se acuerdan con cariño de la Gobernadora, otra encina famosa del pueblo, fulminada hace 20 años por un rayo. No era tan grande como la Terrona, pero los vecinos imaginaron un ficticio matrimonio entre ambos ejemplares, donde ésta era quien mandaba en la pareja.

Así lo recuerda Pedro Palomino, quien también ha sufrido recientemente la desaparición por idéntico motivo de otro gran ejemplar de su propiedad, la Encina Dulce. Pero quedan todavía muchos árboles centenarios en esta bellísima dehesa extremeña, cruzada por el ya casi olvidado camino vecinal al pueblo de Santa Ana.

Antiguamente, todo este terreno era propiedad de un marqués, pero hace unos 70 años el pueblo lo compró y repartió en pequeñas fincas. "Al que le tocaron árboles grandes pagó más, pero en vino, no en dinero", puntualiza Palomino.

 

 

 

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