¿Por qué no hibernan las osas?

¿Por qué no hibernan las osas?

La Fundación Oso Pardo recoge en un libro los hábitos más chocantes de las hembras del plantígrado cantábrico

 

 

Una hembra de oso pardo cantábrico pasea con su osezno. – ANDONI CANELA

 

MARTA GALLUP – Madrid – 06/12/2008 13:40

Una osa, seguida de dos oseznos, se abre paso entre la nieve en un paraje del Parque Natural de las Fuentes del Narcea, en Asturias. Los guardas de la Fundación Oso Pardo llevan horas esperando y su paciencia ha sido recompensada. Han aplicado el telescopio terrestre a la cámara fotográfica (una técnica conocida como digiscoping) e inmortalizan al grupo familiar que sobrevive al invierno sin hibernar. La instantánea es una de las muchas que ilustran el libro Osas, que acaba de ser editado en colaboración con la Fundación Biodiversidad, y en el que se documenta el conocimiento científico más actualizado sobre los osos cantábricos.

La ausencia de hibernación es, en términos generales, un comportamiento excepcional en la especie, pero no tan extraño en las poblaciones de distribución más meridional, como es el caso de la ibérica. Los investigadores han documentado actividad plena en invierno de varios grupos de osas, siempre con crías de un año. Se encontraron indicios de búsqueda de bellotas bajo la nieve y excrementos con pelos de cérvidos.

Uno de los grupos fue avistado deslizándose por la nieve en inequívoca actitud lúdica 

Uno de los grupos, incluso, fue avistado deslizándose por la nieve en inequívoca actitud lúdica. La explicación de los biólogos es que para las osas es rentable permanecer activas todo el año en esta latitud porque el clima benigno permite un balance energético positivo. Es decir, encuentran suficiente comida para garantizar un mejor amamantamiento durante el invierno y mantener un mejor estado fisiológico ante el siguiente celo y una nueva gestación.

Otro de los comportamientos documentados por la Fundación Oso Pardo es el de la predación de ungulados. Se destaca en el libro el caso de una osa con crías, especialmente aficionada a la caza, que en cinco jornadas de seguimiento, en junio de 2000, atrapó y devoró varios corzos de corta edad en cuatro días. El proceso se repitió en todos los casos: "Mientras la familia se movía por brezales y zonas de helecho pastando, desenterrando raíces o levantando piedras, la osa detectaba la presencia de corzas adultas en las proximidades, lo que la inducía a buscar activamente al corcino."

El libro describe cómo las búsquedas se produjeron en zigzag con gran excitación, olfateando, venteando y oteando, hasta encontrar a la presa encamada entre la vegetación.

El tiempo dedicado por los osos a capturar ungulados es muy limitado 

No obstante, los investigadores señalan que, de los 88 grupos de osas con crías controlados entre 1988 y 2005, tan sólo el ejemplar citado anteriormente presentó tal especialización cinegética, lo que representa poco más del 1% del total. Los datos parecen indicar que el tiempo dedicado por los osos a capturar ungulados silvestres es muy limitado.

Uno de los capítulos más esperados es el referido a los ataques a las crías por parte de osos adultos. No existe abundancia de estudios sobre este comportamiento en la especie, especialmente en cuanto a la incidencia que puede tener sobre la evolución demográfica de la población, pero sin duda se considera una de las causas más importantes de mortalidad entre las crías.

Osos infanticidas

El volumen recopila y detalla ocho casos de infanticidio de los que han sido testigos los guardas de la Fundación Oso Pardo, entre 1996 y 2007. Todos ellos ocurrieron en el sector occidental, donde sobreviven 100 de estos plantígrados, aislados de la población oriental, de 30 ejemplares.

El objetivo principal del oso infanticida es, paradójicamente, el éxito reproductor. Pero, de sus propios genes. "Tras uno de los ataques, que tuvo lugar el 27 de abril, vimos a la osa y al macho atacante en actitud de celo 11 días después del infanticidio", se narra en el libro. "En uno de los ataques nos fue posible comprobar la obsesión y minuciosidad del oso macho a la hora de buscar y matar una a una a las tres crías de la camada, y ello a pesar de los desesperados intentos de la hembra por evitarlo".

 

Esta entrada fue publicada en Especies en peligro. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s