Una colonización silenciosa

 

Una colonización silenciosa

 

La presencia de plantas invasoras que desplazan a especies autóctonas se ha triplicado en Europa en los últimos 25 años

 
 
 El género invasor Ambrosía, procedente de Norteamérica, es uno de los que provoca más alergias en los países europeos.
 
 
 

MARÍA GARCÍA DE LA FUENTE – Madrid – 23/09/2008 21:02

Las invasiones de plantas se producen de un modo paulatino, casi imperceptible, pero las nuevas especies llegan a desplazar a las originarias y a ocupar por entero hábitats que antes de su llegada sólo albergaban plantas autóctonas. Este daño, considerado en Europa como una de las mayores amenazas para la biodiversidad, no ha sido cuantificado económicamente en la mayor parte de los casos, a pesar de que las cifras son ya importantes.

En los últimos 25 años el número de plantas invasoras se ha triplicado en el continente, ya alcanzan las 5.789 especies diferentes, según los datos recopilados por especialistas de 48 países y presentados en la Conferencia de ecólogos que se celebró recientemente en Leipzig (Alemania).

Respecto al origen de estas plantas invasoras, 2.843 proceden de países no europeos y el resto se han dispersado entre distintos Estados del propio continente, según informaron los expertos. En 1980, el número registrado de especies foráneas era de sólo 1.568, de las que 580 procedían de fuera de Europa.

Seis especies cada año

Los especialistas calculan que en la actualidad seis nuevas especies llegan cada año y que tres cuartas partes de ellas entran de forma accidental. Los más de 1.600 especialistas que forman el grupo DAISIE (responsable del inventario continuo de la presencia de plantas invasoras en Europa) advierten de que la puerta principal de entrada de especies alóctonas está en la jardinería y la ornamentación. Otras vías alternativas son la agricultura y la dispersión no intencionada de semillas procedentes de laboratorios o centros de cultivos.

Los países europeos con más plantas invasoras registradas son Bélgica (2.075), Reino Unido (1.846) y la República Checa (1.348).

España cuenta, según el inventario del grupo DAISIE, con 845 plantas invasoras. Reino Unido, Alemania y Bélgica encabezan asimismo la clasificación de Estados donde más especies invasoras se han naturalizado; es decir, donde mayor número de nuevas especies han sido capaces de establecer poblaciones estables.

Los daños ambientales que ocasionan estas conquistas silenciosas incluyen alteración de ecosistemas, fragmentación de paisajes, cambios en la biodiversidad, así como, en ocasiones, aparición de nuevas enfermedades e incluso reducción del valor de agua y tierra. El inventario científico de plantas invasoras y sus características ayuda a desarrollar estrategias de control y herramientas de protección de la biodiversidad autóctona.

Entre las especies más dañinas, con consecuencias no sólo en los ecosistemas, sino también en la salud humana, destacan, por ejemplo, las del género Ambrosía, originarias de Norteamérica y presentes en toda Europa. Su polen es de los que más alergias provoca. Sólo en Alemania, el coste anual para hacer frente a las alergias provocadas por tres de sus 147 variedades asciende a 70 millones de euros.

Las nuevas colonizadoras

Papa de Jerusalén

La ‘Helianthus tuberosus’ cuenta con un tubérculo que se destina a la alimentación de cerdos, ovejas y cerdos, y sus hojas también sirven para forraje. En España aparece desde 1700 asociada a la agricultura. En la medicina popular se emplea como diurético y para tratar el reumatismo y la diabetes. Se la conoce también como criadilla de agua, castaña de tierra, marenquera o ajipa.

Hierba carnicera

La ‘Conyza canadensis’ es una especie herbácea, con un tallo de hasta 18 centímetros, que se expande por toda Europa, incluida España. Es una de las más expandidas en el continente. Se introdujo desde Norteamérica asociada al cultivo de regadío. Entre los posibles aplicaciones médicas, se incluye sus propiedades antidiarreicas, diuréticas, así como contra el catarro y la cistitis.

Falsa acacia

La ‘Robinia pseudoacacia’ recibió su nombre de Jean Robin, el jardinero de Enrique IV, quien en 1601 trajo el primer plantón de Canadá para cultivarlo en el Jardín de las Plantas de París. La madera de este árbol de hasta 30 metros de altura se emplea para la construcción de postes de teléfono y embarcaciones. En España se distribuye en el norte y este peninsular.

 

 

 

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